-Pasa el tiempo, un segundo en el tic, otro en el tac. Y así meses, años. Tengo ganas de romper el puto reloj que marca los días que no paso con él. Pero tengo miedo porque creo que cuando deje de mirar el calendario y de tachar un día más, empezaré a hacerlo en mi cabeza, y yo soy de las que se vuelve loca fácilmente. Se aleja como si el viento le fuera a llevar más lejos de lo que me llevan a mí los acordes.
>Ahora tengo frío, y te juro que hace segundos era verano. Ahora estoy sola. Y no voy a dejar de tener frío. Estoy tan sola que hasta las hojas me abandonaron en esto de caerse, y con sus árboles verdes me restriegan que ellas pasaron de estación y yo aún sigo en otoño. Y aún tengo frío.
>Tengo ganas de sol, peno no sale, no sale. Ahora estoy helada, y no avanzo, no puedo.
-Dime por qué crees que las hojas de los árboles son las únicas que caen.
-¿Qué? Escucha, esto no va a funcionar, no soy de psicólogos.
-Dime por qué te sientes sola cuando caes.
-Porque nadie es tan tonto y nadie cae tanto como yo.
-Todo el mundo cae, Gabri, pero luego se levanta y vuelve a su vida.
-Pero yo ya no tengo de eso. Yo antes era más feliz y luego el frío, luego la nieve, luego las flores, ahora el calor, y yo sigo teniendo frío. ¿Lo oyes? ahí está, ha vuelto.
-¿Qué oyes?
-Tic, tac, tic, tac, tic, tac
-¿Quieres que apague el reloj? ¿le quito la pila? Mira, ya está.
-Sigue ahí.
-¿Tienes miedo a morirte?
-Tengo miedo a no hacerlo pronto.
-
Tic, tac.
viernes, 25 de julio de 2014
Publicado por Unknown en 2:31 | Etiquetas: Palabras | Enviar por correo electrónico Escribe un blog Compartir en X Compartir con Facebook |

0 comentarios:
Publicar un comentario